Terminar con la corona de la divina misericordia.


DÍA SEXTO Por las almas mansas y humildes y las de los niños pequeños


Misericordiosísimo Jesús que dijiste: "aprended de Mí, que soy manso y humilde de corazón",

acoge en Tu Corazón desbordante de piedad a todas las almas mansas y humildes,

y las de los niños pequeños. Estas almas son la delicia de las regiones celestiales y las preferidas

del Padre Eterno, pues se recrea en ellas muy particularmente. Son como un ramillete de florecillas

que despidieran su perfume ante el trono de Dios. El mismo Dios se embriaga con su fragancia.

Ellas encuentran abrigo en Tu Piadosísimo Corazón, oh Jesús

y entonan incesantemente himnos de amor y de gloria.


Padre Eterno, vuelve Tu mirada llena de misericordia hacía estas almas mansas,

hacia estas almas humildes y hacia los niños pequeños acurrucados en el seno del corazón desbordante

de piedad de Jesús. Estas almas se asemejan más a Tu Hijo. Su fragancia asciende desde la tierra hasta alcanzar

Tu Trono, Señor. Padre de misericordia y bondad suma, Te suplico, por el amor que Te inspiran estas almas

y el gozo que Te proporcionan: bendice a todo el género humano, para que todas las almas a la

par entonen las alabanzas que a Tu misericordia se deben por los siglos de los siglos.

Amén.



Terminar con la corona de la divina misericordia.


DÍA SÉPTIMO Por las almas que veneran especialmente la Misericordia Divina


Misericordiosísimo Jesús, cuyo Corazón es el Amor mismo, recibe en Tu Corazón piadosísimo

las almas de aquellos que de una manera especial alaban y honran la grandeza de Tu misericordia.

Son poderosas con el poder de Dios mismo. En medio de las dificultades y aflicciones siguen adelante,

confiadas en Tu misericordia; y unidas a Ti, oh Jesús, portan sobre sus hombros a todo el género humano;

por ello no serán juzgadas con severidad, sino que Tu misericordia las acogerá cuando llegue el momento de partir de esta vida.


Padre Eterno, vuelve Tu mirada sobre las almas que alaban y honran Tu Atributo Supremo,

Tu misericordia infinita, guarecidas en el Piadosísimo Corazón de Jesús.

Estas almas viven el Evangelio con sus manos rebosantes de obras de misericordia,

y su corazón, desbordante de alegría, entona cánticos de alabanza a Ti,

Altísimo Señor, exaltando Tu misericordia. Te lo suplico Señor: muéstrales Tu misericordia,

de acuerdo con la esperanza y confianza en Ti depositada.

Que se cumpla en ellos la promesa hecha por Jesús, al expresarles que durante su vida,

pero sobre todo a la hora de la muerte, aquellas almas que veneraron Su infinita misericordia,

serían asistidas por El, pues ellas son su gloria.

Amén.


Terminar con la corona de la divina misericordia.


DÍA OCTAVO Por las almas que estén en el purgatorio


Misericordiosísimo Jesús, que exclamaste ¡misericordia!, introduzco ahora en el seno de Tu Corazón

desbordante de misericordia las almas del purgatorio, almas que tanto aprecias pero que, no obstante,

han de pagar su culpa. Que el manantial de Sangre y Agua que brotó de Tu Corazón

apague las llamas purificadoras para que, también allí, el poder de Tu misericordia, sea glorificado.


Padre eterno, mira con ojos misericordiosos a estas almas que padecen en el purgatorio

y que Jesús acoge en Su Corazón, desbordante de piedad. Te suplico, por la dolorosa Pasión que sufrió Tu Hijo,

y por toda la amargura que anegó Su sacratísima alma: muéstrate misericordioso

con las almas que se hallan bajo Tu justiciera mirada. No los mires de otro modo,

sino sólo a través de las heridas de Jesús, Tu Hijo bien amado; porque creemos firmemente

que Tu bondad y compasión son infinitas.

Amén.


Terminar con la corona de la divina misericordia.


DÍA NOVENO Por las almas tibias


Piadosísimo Jesús, que eres la Piedad misma. Traigo hoy al seno de Tu Compasivo Corazón

a las almas enfermas de tibieza. Que el puro amor que Te inflama encienda en ellas, de nuevo,

la llama de tu amor, y no vuelva el peso muerto de su indiferencia a abrumante con su carga. ¡Oh, Jesús!,

todo compasión, ejerce la omnipotencia de Tu Misericordia, y atráelas a Ti,

que eres llama de amor viva y haz que ardan con santo fervor, porque Tú todo lo puedes.


Padre Eterno, mira con ojos misericordiosos a estas almas que, a pesar de todo,

Jesús cobija en el seno de su Corazón lleno de piedad. Padre de Misericordia, te ruego,

por los sufrimientos que Tu Hijo padeció, y por sus tres largas horas de agonía en la Cruz,

que ellas también glorifiquen en el mar sin fondo de Tu misericordia,

Amén.

Terminar con la corona de la divina misericordia.