FRASES DE LA BEATA MADRE TERESA DE CALCUTA

Nuestra tarea consiste en animar a cristianos y no cristianos a realizar obras de amor. Y cada obra de amor, hecha de todo corazón, acerca a las personas a Dios.

No deis sólo lo superfluo, dad vuestro corazón.

Lo que importa es cuanto amor ponemos en el trabajo que realizamos.

El que no vive para servir, no sirve para vivir.

Amo a todas las religiones, pero estoy enamorada de la mía.

Jesús es mi Dios, Jesús es mi Esposo, Jesús es mi Vida, Jesús es mi único Amor,
Jesús es todo mi ser, Jesús es mi todo.

Cuanto menos poseemos, más podemos poseer.

Mi sangre y mis orígenes son albaneses, pero soy de ciudadanía india.
Soy monja católica. Por profesión, pertenezco al mundo entero. Por corazón, pertenezco por completo al Corazón de Jesús.

Haz las cosas pequeñas con gran amor.

No puedo parar de trabajar. Tendré toda la eternidad para descansar.

No basta con que digamos: Yo amo a Dios pero no amo a mi prójimo.
San Juan dice que somos mentirosos si afirmamos que amamos a Dios y
no amamos a nuestro prójimo. Es muy importante para nosotros
darse cuenta de que el amor para que sea auténtico tiene que doler.

El perdón es una decisión, no un sentimiento, porque cuando perdonamos
no sentimos más la ofensa, no sentimos más rencor. Perdona, que
perdonando tendrás en paz tu alma y la tendrá el que te ofendió.

El amor no puede permanecer en sí mismo. No tiene sentido. El amor
tiene que ponerse en acción. Esa actividad nos llevará al servicio.

No podemos hacer grandes cosas, pero sí cosas pequeñas con un gran amor.

Si no se vive para los demás, la vida carece de sentido.

Las críticas no son otra cosa que orgullo disimulado. Un alma sincera para consigo misma nunca se rebajará a la crítica. La crítica es el cáncer del corazón.

Muchas veces basta una palabra, una mirada, un gesto
para llenar el corazón del que amamos.

Empieza transformando todo lo que haces en algo bello para Dios.

La revolución del amor comienza con una sonrisa. Sonríe cinco veces al
día a quien en realidad no quisieras sonreír. Debes hacerlo por la paz.

Hay una cosa muy bonita: compartir la alegría de amar.

Debemos amar la oración. La oración dilata el corazón hasta el punto de
hacerlo capaz de contener el don que Dios nos hace de sí mismo.

La alegría es oración, la señal de nuestra generosidad, de nuestro
desprendimiento y de nuestra unión interior con Dios.

Preferiría cometer errores con gentileza y compasión antes que
obrar milagros con descortesía y dureza.

El dinero sólo puede comprar cosas materiales, como alimentos, ropas y vivienda. Pero se necesita algo más. Hay males que no se pueden curar con dinero, sino sólo con amor.

El futuro no está en nuestras manos. No ejercemos poder sobre él. Sólo nos queda actuar, aquí y ahora.

Hoy en día el mundo está cabeza abajo y sufre tanto porque hay
muy poco amor en los hogares y en la vida familiar.

Para que el amor sea verdadero, nos debe costar. Nos debe doler.
Nos debe vaciar de nosotros mismos.

Si no tenemos paz en el mundo, es porque hemos olvidado que nos pertenecemos
el uno al otro, que ese hombre, esa mujer, esa criatura, es mi hermano o mi hermana.

La amargura y el orgullo son hermanos gemelos; el mal humor y la
irritabilidad son sus inseparables acompañantes.

La paz comienza con una sonrisa.

El fruto del silencio es la oración. El fruto de la oración es la fe.
El fruto de la fe es el amor. El fruto del amor es el servicio.

El sufrimiento de unos puede ser provocado por la ambición de otros.

Dios ama todavía al mundo y nos envía a ti y a mí para que seamos
su amor y su compasión por los pobres.

El mayor mal es la falta de amor y caridad, la terrible indiferencia
hacia nuestro vecino que vive al lado de la calle, asaltado por
la explotación, corrupción, pobreza y enfermedad.

Nosotros predicamos un Dios bueno, comprensivo, generoso y compasivo.
Pero, ¿lo predicamos también a través de nuestras actitudes? Si queremos
ser coherentes con lo que decimos, todos deben poder ver esa bondad,
ese perdón y esa comprensión en nosotros.

Si realmente queremos amar, tenemos que aprender a perdonar.

Dondequiera que vayas, busca siempre la belleza y la inmensa bondad de Dios.

La disciplina es el mejor amigo del hombre, porque ella le lleva a
realizar los anhelos más profundos de su corazón.

No hay mayor pobreza que la soledad.

La cosa más importante no es lo que decimos nosotros, sino lo que Dios
nos dice a nosotros. Jesús está siempre allí, esperándonos.
En el silencio nosotros escuchamos su voz.

El amor es un fruto que madura en todas las estaciones y que se
encuentra al alcance de todas las manos.

El amor, para que sea auténtico, debe costarnos.