Amad a vuestros enemigos y haced el bien a los que os odian', pues nuestro Señor Jesucristo, cuyas huellas debemos seguir, llamó amigo al que lo entregaba y se ofreció espontáneamente a los que lo crucificaron (S.Francisco, 1Reg 22).

Quien obedece no debe mirar en su superior al hombre sino a Aquel por cuyo amor se ha entregado a la obediencia

El hombre al no poseer nada propio, todo él pertenecía a Dios.

Es feliz quien nada retiene para sí.

La tentación vencida es, en cierto modo, el anillo con el que el Señor desposa consigo el corazón de su servidor.

Parece ser más acorde a la voluntad de Dios que, interrumpiendo la clama de la oración, salgamos a trabajar en el mundo.

La verdadera enseñanza que trasmitimos es lo que vivimos; y somos buenos predicadores cuando ponemos en práctica lo que decimos.

No peleen entre sí y con los demás, sino traten de responder humildemente diciendo, “Soy un siervo inútil.”

Con cuánto mas amor puede uno de nosotros amar y nutrir a su hermano en el espíritu.

La oración es un verdadero descanso.

Si tú, siervo de Dios, estás preocupado por algo, inmediatamente debes recurrir a la oración y permanecer ante el Señor hasta que te devuelva la alegría de su Salvación.

Que la paz que anuncian con sus palabras este primero en sus corazones.

Allí donde reinan la quietud y la meditación, no hay lugar para las preocupaciones ni para la disipación.

El servidor de Dios debe brillar por su vida y santidad.

Sin la oración nadie puede progresar en el servicio divino.

Todos los hermanos deben predicar a través de sus obras.

No retengan nada de ustedes mismos a fin de que enteros los reciba el que se da por entero.

Comencemos a servir, lo que hemos hecho hasta ahora es poco y nada.

Dichoso quien no tiene más gozo y alegría que las palabras y obras del Señor.

La ley de Cristo, que se cumple en el amor, nos obliga a procurar la salvación de las almas más que la del cuerpo.

Lo que es el hombre delante de Dios, eso es, y no más.

Ya no necesito más: conozco a Cristo pobre y crucificado.

Yo necesito pocas cosas y lo poco que necesito , lo necesito poco

Si existen hombres que excluyen a cualquiera de las criaturas de Dios del amparo de la compasión y la misericordia, existirán hombres que tratarán a sus hermanos de la misma manera.

Cuando se te llene la boca proclamando la paz, procura tener aún más lleno el corazón.

La cortesía es hermana de la caridad, que apaga el odio y fomenta el amor.


Entretenerse en buscar defectos al prójimo es prueba suficiente de no

ocuparse apenas de los suyos propios.

¡Terrible es la muerte!, pero ¡cuán apetecible es también la vida del otro mundo, a la que Dios nos llama!

Comienza haciendo lo que es necesario, después lo que es posible y de repente estarás haciendo lo imposible.

Predica el evangelio en todo momento, y cuando sea necesario, utiliza las palabras.

Sus actos pueden ser el único sermón que algunas personas escuchan hoy en día.

Recuerda que cuando abandones esta tierra, no podrás llevarte contigo nada de lo que has recibido, sólo lo que has dado.

No sirve de nada andar en todos lados predicando, a menos que que nuestro caminar sea nuestra prédica.