Bautismo en el Espíritu Santo
Efusión del Espíritu Santo

En el Sacramento del Bautismo y el Sacramento de la Confirmación recibimos el Espíritu Santo que nos hace participar de la naturaleza divina:

-Hijos de Dios
-Hermanos de Cristo y coherederos del cielo
-Nos infunde las virtudes infusas y los dones

La efusión del Espíritu o bautismo en el Espíritu Santo:
Es la presencia del Espíritu Santo que suscita un encuentro personal con Cristo vivo. A través de esta gracia la persona experimenta un nuevo amor y un nuevo deseo de servir a Cristo. No es un nuevo sacramento sino el Espíritu de Poder (1 Cor 2; Rom 15; Tes 1) que hace posible una mas profunda apertura a la gracia recibida en el bautismo.
Es con frecuencia asociada al movimiento de la Renovación en el Espíritu Santo o Renovación Carismática pero en verdad es una gracia que reciben todos los santos.

Las bases bíblicas para entender el bautismo en el Espíritu:
-En Hechos 1,5 Cristo definió Pentecostés como una experiencia de "bautismo en el espíritu". En esta experiencia religiosa estaban en oración, recibieron el bautismo, manifestaciones externas y gran gozo, hablaron en lenguas y una poderosa unción para la predicación que traspasaba los corazones.
-La predicación de Pedro proclama que todo el que se arrepienta y se bautiza, recibe el don del Espíritu.
-Este don del Espíritu Santo puede recibirse después de recibir el sacramento del bautismo. Esto es lo que ocurrió a los discípulos de Samaria (Hechos 8,14-15)
-Pedro considera la experiencia religiosa de Cornelio y su familia (Hechos 10) en la misma linea al don del del primer Pentecostés. Estos, escuchando la predicación de Pedro recibieron un bautismo en el Espíritu y después se les impartió el sacramento.

Enseñanza de San Pablo:
San Pablo enseña que Cristo ofrece al hombre una nueva vida en el poder del Espíritu Santo.
-Nos ayuda a orar (Rom 8)
-Nos libera de la carne y el pecado (Rom 8)
-Nos revela la sabiduría de Dios (1 Cor 2; Jun 14)

Que es esta efusión:
1- Es una gracia por la que oramos con fe y no un acto sacramental.
No se trata de un sacramento. La persona se hace cristiana a través de un proceso que consiste de:
a) la conversión y la fe en Cristo
b) la recepción de los sacramentos de iniciación: bautismo, confirmación y eucaristía.
Todo aquel que ha recibido los sacramentos de iniciación cristiana ha sido hecho hijo de Dios, ha sido incorporado a Cristo muerto y resucitado, ha recibido el don del Espíritu Santo, y puede participar en la Eucaristía, banquete de la nueva alianza.
c) La efusión del Espíritu no remplaza sino que está vinculada al sacramento.

La oración por efusión del Espíritu Santo, consiste en una oración llena de fe y esperanza que la comunidad eleva a Jesús para que derrame Su Espíritu, de manera nueva y en mayor abundancia, sobre la persona por la que se pide.

Esta oración se hace generalmente mediante la imposición de las manos, la cual no es un rito sacramental, ni mágico, sino una gesto de amor fraterno, una expresión de comunión humana, un signo externo de solidaridad en la oración, con el deseo ardiente, sometido a la voluntad de Dios, de que Jesús derrame sobre nuestro hermano/a el don del Espíritu Santo que El nos ha comunicado.

2- Es una nueva misión del Espíritu Santo:
Esta nueva efusión del Espíritu Santo puede explicarse como una "misión divina", significa que surge en la criatura una relación nueva para con el Espíritu. Sabemos que, aunque estemos bautizados, necesitamos orar para que las gracias recibidas en el sacramento se aviven en nosotros. Muchos bautizados no crecen con una profunda relación con Jesús. Vemos en la vida de los santos que en algún momento en sus vidas tomaron una profunda conciencia de su fe. Un golpe de gracia que después irá creciendo por toda la vida.
La misión del Espíritu Santo: -aumento de gracia para un nuevo estado de gracia, progreso en virtud, manifestación de un carisma.

3- Es una gracia que renueva y actualiza las gracias ya recibidas.
Esta nueva efusión es una gracia que renueva, actualiza de manera existencial y pone en actividad el rico caudal de gracias que Dios ha dado a cada uno a través de los sacramentos recibidos. En unos pondrá en actividad lo recibido solo en el bautismo y en la confirmación; en otros, lo que Dios ha dado también a través de la reconciliación y la eucaristía. En otros activará la gracia matrimonial...sacerdotal, etc. También beneficia los carismas necesarios para el estado de vida.

La eficacia que tiene para reactivar el Bautismo requiere una respuesta : El hombre pone lo suyo, es decir, realiza una opción de fe, preparada en el arrepentimiento, lo cual permite que la obra de Dios sea "liberada" y desencadene toda su fuerza. La efusión es una confirmación espontánea del sacramento de la confirmación , en la que el Espíritu actúa no en virtud de la institución, sino en virtud de la libre iniciativa del Espíritu y de la disponibilidad de la persona. NO se opone a la institución sino que armoniza perfectamente con ella.

4- Es una gracia que libera de obstáculos y ataduras:
Desde el primer momento de nuestra incorporación a Cristo por los sacramentos de iniciación, poseemos el Espíritu Santo, el cual habita en nosotros en su propio Templo. Sin embargo, debido a obstáculos, heridas, barreras que voluntaria o involuntariamente ponemos, la acción del Espíritu Santo quizás no ha llegado a actuar en plenitud en nosotros.

Esta nueva efusión es una gracia que rompe la dureza de nuestro corazón, remueve las trabas, derriba los obstáculos y nos dispone para que el Espíritu actúe en nosotros con toda libertad. Son gracias de liberación, que el Espíritu Santo quiere obrar en el interior de la persona. El don de Dios llega por fin a "desatarse" y el Espíritu se difunde como perfume en la vida cristiana.

Esta efusión no es la única forma de renovar la gracia bautismal, pero si ocupa un lugar especial por el hecho de estar abierta a todo el pueblo.

5- Nueva experiencia del Espíritu Santo
Es una nueva apertura a la acción, movimientos, dirección, inspiración, del Espíritu Santo. Toda su persona, su mente, sentimientos, pensamientos y voluntad son tocados por la acción de Dios.

6- Principio de vida nueva
Se manifestarán los frutos para edificar nuestras almas y dones o carismas para edificar la iglesia.
Algunos de los frutos:
-conversión interior y transformación de vida
-luz poderosa para comprender mejor el misterio de Dios y su plan de salvación
-compromiso personal con Cristo y gozo
-apertura a la acción del Espíritu Santo
-ejercicio de las virtudes
-entrega generosa al servicio
-deseo de oración y lectura de las S. Escrituras.
-amor a los sacramentos
-devoción a la Stma. Virgen
-amor a la Iglesia
-fuerza para dar testimonio, etc.

7- Fuente de carismas y frutos del Espíritu Santo.
Beneficia al creyente en todo su ser, tocando el cuerpo, el espíritu y el alma. (1Tes 5). Es normal, que la persona, durante o después de la oración, tenga una experiencia de Dios y de Su acción con efectos sensibles: paz, gozo, curación de heridas o enfermedades, amor, reconciliación, etc.


En esta efusión se reciben los dones carismáticos, según el Espíritu Santo quiera distribuirlos: dones de alabanza, profecía, sabiduría, discernimiento de espíritus, lenguas, curación, visión, conocimiento, etc.
Estos dones deseados y discernidos llena de poder a los miembros del Cuerpo para que puedan con amor y entrega generosa ponerse al servicio de la Iglesia.

8- Inicio de un nuevo caminar con el Espíritu
Esta efusión no es sino la actualización de la vida bautismal, ya recibida anteriormente pero que se había adormecido; un nuevo caminar al impulso del Espíritu; un vivir realmente en plenitud la vida cristiana.

Todos los Papas han apoyado la Renovación en el Espíritu Santo desde que esta renovó la conciencia en la Iglesia de esta gracia. Pablo VI imploraba por este nuevo Pentecostés en la Iglesia y en cada individuo: "Una nueva efusión del don de Dios; que venga pues el Espíritu Creador a renovar la faz de la tierra". (Mayo 75). Juan Pablo II igualmente ha hablado abundantemente sobre la necesidad de recibir mas y mas las gracias del Espíritu.

9- Poder para vencer el pecado:
A través de la efusión las personas han recibido una profunda experiencia personal con Jesús y les produce un gran poder para combatir las tendencias de la carne, el pecado y el mundo.

Como se da esta efusión?
Es obra soberana de Dios. El actúa en cada persona de manera diferente, intima y personal.
Dios opera generalmente por medio de la comunidad. En ocasiones la experiencia, como la de Pablo, antecede la experiencia de la comunidad pero lleva a ella donde se profundiza y continúa.

Consiste sobre todo en tres cosas: amor fraterno, imposición de manos y oración. Son elementos no sacramentales, sino simplemente eclesiales (símbolos tradicionales en la iglesia).

La imposición de manos:
puede tener dos significados: un significado de invocación y otro de consagración. En la efusión del Espíritu Santo la imposición de manos tiene solo un carácter invocatorio. Tiene también referencia a la imagen del Espíritu Santo que cubre con su sombra; recuerda también al Espíritu Santo que aleteaba sobre la superficie de las aguas .

Los otros dos elementos son, la oración y el amor fraterno:
-El amor fraterno es signo y vehículo del Espíritu Santo; el Espíritu Santo que es el Amor, encuentra en el amor fraterno su ambiente natural, su signo por excelencia. Este clima de verdadero amor para con el hermano es crucial para recibir la efusión.
-La oración se coloca en estrecha relación, en el NT, con la efusión del Espíritu Santo. "Jesús mientras estaba en oración el cielo se abrió y descendió el Espíritu Santo". La oración hizo que esto sucediera. Igual en Pentecostés, Jesús dijo: "Yo rogare al Padre y les enviara el consolador" (Jn 14)

La imposición de manos, la oración y el amor fraterno son signos sencillos, simples, pero precisamente las acciones de Dios están marcadas por la simplicidad. Simples en sus expresiones externas, pero poderosas por lo que efectúan en las almas. Simplicidad y poder.
La simplicidad debe resplandecer en todo, en los gestos, en la oración, en los medios.

La efusión sin ser un sacramento es sin embargo, un acontecimiento espiritual. Un acontecimiento, porque es algo que sucede, que deja su signo, que crea una novedad en la vida; pero un acontecimiento espiritual, o sea que acontece al espíritu, al interior de la persona, por el poder del Espíritu Santo.

El don del Espíritu Santo, que es el infinito amor de Dios no lo podemos poseer totalmente, y por esta razón, se necesita pedirlo repetidamente a través de la oración y en diversas ocasiones. Es necesario reavivarlo y reinflamarlo.


La gracia del Bautismo en el Espíritu Santo
por el Obispo Joe Grech

Publicado en el boletín This e-mail address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it
, Volumen XXXV, Numéro 1, Enero 2009.  This e-mail address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it

Muchos católicos han experimentado un cambio radical en su relación con Jesucristo y han desarrollado un afán de profundizar su conocimiento de las enseñanzas de la Iglesia, como resultado de recibir una oración para una nueva unción del Espíritu Santo. Creemos que en el Bautismo recibimos la presencia poderosa y vivificante del Espíritu de Jesús Resucitado (CCC N.1265).  Sin embargo, este don inicial del Espíritu no es estático y está destinado a crecer mientras nos vamos haciendo más conscientes y deseosos de esta realidad. Al irnos volviendo más abiertos y dóciles a los dictados del Espíritu Santo dentro de nosotros, también nos hacemos más conscientes de los frutos y dones del Espíritu Santo (Gal 5, 22-23, 1Cor 12, 4-11). Estas son herramientas importantes que nos dotan para seguir la obra y misión de Jesús. De esto resulta, entonces, que la oración para el “Bautismo en el Espíritu” y para lo que sería mejor llamar una nueva efusión o unción del Espíritu Santo, es muy importante para la vida de un creyente en Jesucristo.

¿Cuál es la naturaleza de esta oración? ¿Cuáles son los efectos prácticos y auténticos en la persona que recibe tal oración? El Papa Benedicto XVI es de gran ayuda sobre este asunto. El lema para la Jornada Mundial de la Juventud de 2008 fue, “Recibirán la fuerza del Espíritu Santo, que vendrá sobre ustedes, y serán mis testigos” (Hch 1, 8). El Papa Benedicto XVI dio una enseñanza muy clara e ilustrativa sobre este tema durante la Misa que marcó la conclusión de la Jornada Mundial de la Juventud 2008. Esto sucedió en Sydney, Australia, el día 20 de Julio. En cierto momento preguntó, “Pero, ¿cuál es el poder del Espíritu Santo? Es el poder de la vida de Dios”. De nuevo al hablar del sacramento de la Confirmación durante la misma homilía, volvió a preguntar, “¿Qué significa recibir el ‘sello’ del Espíritu Santo?” “Significa estar indeleblemente marcado, inalterablemente cambiado, una nueva creación”. Éstas son palabras poderosas que señalan a la realidad de que la plenitud de la presencia del Espíritu Santo dentro de nosotros se experimenta cuando nos volvemos más y más como Jesús.

Esta es la esencia de la oración por una nueva unción del Espíritu Santo; es decir, capacitarnos para experimentar la vida misma de Dios. El propósito es hacernos pensar, sentir, amar, comprender y actuar como Jesús. Esto es lo que San Pablo tenía en mente cuando dijo, “Tengan entre ustedes los mismos sentimientos que Cristo” (Fil 2, 5). Esta oración por lo tanto nos ayuda a experimentar una relación personal e íntima con Jesucristo. Existe una gran diferencia entre conocer a alguien y conocer realmente a esa persona en particular. Esta oración nos ayuda a conocer a Jesucristo como un amigo personal e íntimo. Nos ayuda a experimentar en lo más profundo de nuestros corazones el poder conmovedor del Dios vivo. Cuando esto sucede, algo cambia radicalmente dentro de nosotros, y afecta al modo en que nos comportamos. Nos encendemos, volviéndonos apasionados y entusiastas sabiendo que nuestro Dios está tan cerca y enamorado de nosotros. Nos convencemos más profundamente de que somos verdaderamente creados y queridos por nuestro Dios. A su vez esto nos impulsa a desear profundizar en el conocimiento de nuestra fe y aprovechar las oportunidades de proclamar las maravillas de nuestro Dios.

Este año está dedicado a San Pablo. Qué testigo asombroso de Jesucristo, qué visionario apasionado. Nada iba a impedirle hablar sobre Jesucristo. “Pero llevamos este tesoro en recipientes de barro para que se muestre que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no de nosotros. Atribulados en todo, mas no aplastados; perplejos, mas no desesperados; perseguidos, mas no abandonados; derribados, mas no aniquilados. Llevamos siempre en nuestros cuerpos por todas partes el morir de Jesús, a fin de que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo” (2 Cor 4, 7-10).

¿De dónde sacó San Pablo esta convicción? ¿De dónde sacó tal pasión por Jesús? Como todos sabemos, no siempre fue un seguidor de Jesús (Fil 3, 6). Algo le sucedió cuando viajaba de Jerusalén a Damasco para arrestar a aquellos que creían en Jesús (Hch 9, 1-19). ¿Qué sucedió? Escuchemos a San Pablo mientras describe lo que le sucedió. “Mas, cuando Aquel que me separó desde el seno de mi madre y me llamó por su gracia, tuvo a bien revelar en mí a su Hijo (Gal 1, 15-16).  Esto explica cómo San Pablo se volvió una persona radicalmente cambiada. Dios Padre le reveló a Jesús. Tuvo una experiencia íntima de Jesús Resucitado. Supo en lo profundo de su corazón que Jesucristo estaba vivo. El Mesías le había visitado, le había tocado, le había elegido y comisionado para ser un apóstol de los gentiles (Gal 1, 16). Esto es precisamente el resultado y la gracia de estar abierto a recibir lo que Dios desea darnos durante la oración por una nueva efusión/unción del Espíritu Santo.

No es de extrañar que recordemos muy claramente cuándo, dónde y qué estábamos haciendo cuando recibimos esa oración. También resulta con bastante naturalidad que cuando nos damos cuenta de quiénes somos en Dios, tocados y facultados por el poder del Espíritu Santo, también empezamos a experimentar el valor necesario para hacer lo que sea necesario para transmitir a otros esta buena noticia.  A menudo he reflexionado sobre el valor y la dedicación total de tantas personas que inicia de la Renovación Carismática. Se me ha infundido tanto ánimo en mi ministerio sacerdotal con las actitudes desinteresadas de nuestros padres y feligreses que parecen estar constantemente al servicio de otros.

He sido tan alentado al ver a personas implicadas en grupos de oración que están al servicio de toda la comunidad parroquial. Es tan gozoso oír al párroco local diciéndome que las personas que están implicadas en grupos de oración carismáticos están siempre dispuestas a ayudar en la parroquia. Me alegro también al ver la vida y el ministerio de las muchas comunidades de alianza en todo el mundo cuyos miembros están animados por una experiencia poderosa y real del Espíritu Santo. Es realmente asombroso ver la cantidad de diferentes programas que se celebran durante el año en distintas partes del mundo, organizadas por personas que han experimentado la presencia poderosa de Jesús a través de la oración por una nueva unción del Espíritu Santo. Grandes programas de evangelización, implicación en actividades ecuménicas y en la ayuda práctica a los pobres, los discapacitados y los abatidos. Hay personas que abandonan su tierra natal para ser testigos de Jesús en las partes más remotas del mundo mientras otros están encantados de pasar tanto tiempo como sea necesario para enseñar sobre Jesús en nuestras universidades, escuelas y otros lugares de estudio. Tantas personas están tan animadas a visitar a los enfermos y a los solitarios mientras otros buscan ayudar de cualquier manera posible a aquellos que no pueden salir de sus casas.

Hay tantos programas para los jóvenes. Hay tantas personas ayudando tanto en un intento de llevar el mensaje de Jesús en un idioma que nuestra gente puede entender. Se ofrece tanta fuerza de manera feliz y rápida para intentar traer reconciliación y una manera pacífica de vivir a personas que han sido heridas, abusadas o explotadas durante tantos años. La lista no tiene fin porque los valores y principios de Jesús todavía se necesitan hoy.

Cuando habló a los jóvenes en Sydney, Australia, el Papa Benedicto XVI les recordó como nos recuerda hoy, “El mundo necesita esta Renovación. En tantas de nuestras sociedades junto a la prosperidad material se extiende un desierto espiritual: una vacío interior, un miedo no nombrado, un sentimiento callado de desesperación. La Iglesia necesita también esta renovación. Necesita s fe, su idealismo y su generosidad para que pueda ser siempre joven en el Espíritu (Lumen Gentium 4)” (Homilía, Sidney, 20 de Julio de 2008).

La misión y la labor de Jesús no puede conseguirse solo a través de nuestros talentos, inteligencia y don natural. ¡Todas estas ayudan! Sin embargo es la obra de Dios, y para continuar la obra y misión de Jesús necesitamos la ayuda y el poder del Espíritu Santo de Dios. El 8 de diciembre de 1975, el Papa Pablo VI promulgó la Exhortación Apostólica “Evangelii Nuntiandi”, (sobre la evangelización en el mundo moderno). Hacia el final de este inspirador documento escribió, “Y ojalá que el mundo actual —que busca a veces con angustia, a veces con esperanza— pueda así recibir la Buena Nueva, no a través de evangelizadores tristes y desalentados, impacientes o ansiosos, sino a través de ministros del Evangelio, cuya vida irradia el fervor de quienes han recibido, ante todo en sí mismos, la alegría de Cristo, y aceptan consagrar su vida a la tarea de anunciar el reino de Dios y de implantar la Iglesia en el mundo” (Ev.Nun. N.80).  Esta es la gracia particular de la oración por una nueva efusión/unción del Espíritu (Bautismo en el Espíritu).

Así que reza conmigo ahora: “Señor Jesús, aquí estoy ante Ti. Derrama sobre mí una unción nueva de tu Espíritu. Tócame con tu presencia y con tu amor. Moldea mi corazón para que se vuelva como tu corazón. Lléname del poder de los dones de tu Espiritu Santo y hazme un testigo poderoso de tu Resurrección. Amén”.

 

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