LA PREGUNTA DE MARÍA SANTÍSIMA A JESÚS. Quinto día

"Hijo Mío, ¿Por qué nos has hecho esto?..." (Lc 2, 48)

Tu llevas a cuesta una carga pesada. Apenas ayer, a pesar de todas tus preocupaciones,

hiciste un gran esfuerzo para ser alegre y agradable. Tal vez trabajaste para otro hasta estar rendido.

Ahora vuelves a ser el mismo con tu problemas. Hay algo muy dentro de ti que quisiera levantarse

y exigir una respuesta a la eterna pregunta ¿Por qué?

Eso simplemente es humano, pero no debes amargarte tu vida. Además debe servirte de consuelo

el saber que la misma Virgen María tuvo la misma duda: “¿Por qué nos has hecho esto?”

(Lc 2, 48) Dime ¿Hay alguna cosa que pueda hacernos sentir más cercano a María,

de esta manifestación humana de preocupación Maternal, o en todo caso, todos los incomprensibles

hechos de su vida, aún al pie de la Cruz? Calladamente Ella estuvo al pie sin quejarse.

Ahora tu te preguntas ¿Por qué todo el terribles sufrimiento, las decepciones, el dolor?

¿Hay algún propósito en todo esto? . Hay Un verso que dice: "Cuando el dolor y el sufrimiento

tus compañero son, el Padre Celestial te está diciendo: “Ven acércate a mi Corazón”

Es que el Amor de Dios hacia a ti es aún mayor ahora que ha permitido que sufras.

Por medio de ese dolor ha querido purificarte, apartarte de las cosas mundanas y acercarte a Él.

Se que has de decir: “Dios me esta castigando”, y has de creer que ya no está de tu lado.

Sin embargo Él te ama, especialmente cuando sufres pacientemente, porque entonces es

como si cargaras su propia Cruz.

Sin embargo, deberás aceptar tu sufrimiento con verdadero espíritu de penitencia,

pues cada uno de nosotros tienen muchas razones para pagar por los pecados propios

y por los de los demás. Por medio del sufrimiento y del dolor puedes borrar, aquí en la tierra parte

del castigo temporal que te espera por tus pecados. Esto también es prueba del Amor de Dios.

Por lo tanto, el sufrimiento y el dolor se convierten en peldaños de la escalera de tu salvación y santificación.

Pero hay aún un significado más profundo en tu dolor. El dolor, cuando se sufre resignadamente,

amolda tu alma a la imagen y semejanza de tu Salvador Crucificado. Amando a Jesús,

como seguramente tu lo haces, ¿No quisieras asemejarte un poquito más a Él?

Recuerda que a través del dolor y las penalidades de esta vida tienes una maravillosa oportunidad

para adquirir preciados méritos para la eternidad. Algún día, a la hora de morir, te regocijarás

por las ocasiones en que como el oro fuiste purificado con el fuego del sufrimiento, y por los momentos

en que, como Cristo, caíste al suelo bajo el peso de la cruz. Los momentos de placer y de prosperidad

no te darán ningún consuelo en este momento. Pero bendito eres tres veces,

si has soportado las pruebas que la vida te ha puesto, en unión con Dios.

Tu sufrimiento también te ofrece la oportunidad de ser un apóstol y ayudar en la salvación

de muchas almas. Podríamos decir que la Madre Reina y Victoriosa Tres Veces Admirable de Schoenstatt

te sale al encuentro y te dice: “Dame todos tus sacrificios, dolores, y penas para poder ofrecérselos a Dios.

Ellos sería fructíferos en la salvación de almas y en la reconstrucción del mundo de acuerdo

con los planes de Cristo” ¿Acaso puedes negarle esto a la Madre de Gracia de Schoenstatt?

¿No te gustaría llegar a ser una victima de amor, a través de tus esfuerzos y sacrificios,

con objeto de ganar muchas gracias para las conversiones? Mira dentro de ti y fíjate si Dios y nuestra

Madre Reina Y Victoriosa tres Veces Admirable de Schoenstatt no están tratando de despertar

en ti un espíritu de sacrificio y acción heroica.

Tal vez el significado del dolor te sea un poco más claro ahora. Sin embargo, puedes acudir a María

con absoluta confianza. Puede ser que Dios haya permitido tu dolor para que conozcas el poder

y la bondad de María Santísima ¡Confía en Ella como un niño! Cuanto más confíes, más lograrás.

Ofrécele tu dolor y tus penas a María y Ella dará consuelo a quien en su Amor confía.

Oración. Madre Querida Reina Y Victoriosa tres Veces Admirable de Schoenstatt,

en tu sufrimiento has buscado a tu Hijo y lo has encontrado. Todo tu dolor lo has resumido en la Frase:

“Hijo mío, ¿Por qué nos has hecho esto?” . A Ti traigo todas mis preocupaciones,

y te ruego con todo el fervor de mi corazón que obtengas para mi las gracias que te pido (...).

Que la Voluntad de Dios se haga sobre todas las cosas,

Amén

Ejercicio: Repite esta idea Hoy: “Mi sufrimiento tiene un profundo significado

y Dios hará lo que sea mejor”

 

LA RESPUESTA DE JESÚS A MARÍA SANTÍSIMA. Sexto día

"Su Hijo respondió: ¿No sabes que debo ocuparme de las cosas de Mi Padre?” (Lc, 2, 49)

María Santísima encuentra a su Hijo, pero al mismo tiempo se da cuenta que el Padre Celestial

tiene primera potestad en el Corazón del Hijo y que su Corazón maternal tenía que tomar segundo lugar.

Ella al unísono con Jesús dice: “Si” a la Voluntad del Padre. María no comprende de inmediato

lo que Jesús dijo, pero guarda cuidadosamente aquellas palabras en su Corazón.

¿Acaso tú no te encuentras en una situación semejante? Tal vez tú también has perdido

un hijo y la incertidumbre acerca de uno de tus seres queridos ha traído pesar a tu corazón.

O tal vez has perdido tu hogar y posesiones o has visto el sol de tu felicidad ponerse detrás de la tumba.

¿Has perdido tu salud? ¿O tal vez has perdido la paz de tu corazón.?

Pero...¿No sabes que tú también debes ocuparte de las cosas de tu Padre?

¿Te das cuenta de que has perdido a Dios mismo a través del pecado mortal? Si es así,

entonces ponte en marcha, recupera tu paz de conciencia por medio del Sacramento de la Reconciliación..

Pero si lo que has perdido son bienes terrenales, entonces entrégate completamente a la Voluntad

de Tu Padre Celestial.

Tal vez no hayas entendido lo que Dios te quiere enseñar por medio de este sufrimiento.

Sin embargo, estás consciente de la presencia de Tu Padre Celestial sobre ti y tu alrededor, cuidándote.

Así pues, haz lo mismo que María Santísima: reza y espera, confiando en la Divina Providencia.

Los planes divinos son planes de Amor y Sabiduría.

María Santísima también te comprende, especialmente ahora que te hallas rodeado de dificultades.

Mantente cerca de Dios y toma fuertemente la mano de tu Madre Celestial.

En cualquier incertidumbre, ruégale a María: Madre yo no conozco el camino, Tú lo conoces bien.

Eso me da paz y tranquilidad más allá de lo que puedo expresar. Nada en el mundo ha sido tan claro.

El que confía en Ti, Madre Admirable, no confía en vano.

Oración. Querida Madre, Reina y Victoriosa tres Veces Admirable de Schoenstatt,

obtén para mi la virtud de una profunda confianza en Dios y la gracia de aceptar su Voluntad

como la mejor y más alta. Yo pongo toda mi confianza en Ti y te ruego fervientemente que nunca

me abandones, y que obtengas de Dios lo que yo humildemente pido (...) Amén

Ejercicio. Hoy no te quejes de los sacrificios. Al contrario, recuerda que tu también

debes ocuparte de las cosas de tu Padre, haciendo su sabia y Divina Voluntad.

 

LA ORACIÓN DE MARÍA SANTÍSIMA. Séptimo día

“Ya no tienen vino” (Juan 2,3)

En una forma natural, sencilla y de confianza ilimitada, la Madre del Señor dijo:

“Ya no tienen vino”. Estas palabras las pronuncio durante las Bodas de Caná.

Por treinta años el hijo de Dios había vivido desconocido en Nazareth, siguiendo el oficio

de San José. Ahora empieza a enseñar, “a hablar como alguien quien tiene poder”.

Hasta ahora Él no había hecho ningún milagro.

Un día el Salvador y su Madre María fueron invitados a un casamiento y ellos aceptaron.

Cuando durante la celebración se agotó el vino, María se dio cuenta y se levantó.

¿Acaso se iba a despedir para evitar que los anfitriones se sintieran apenados?

No ésa no era la razón, sencillamente se dirigió a su Hijo y le dijo al oído: “Ya no tienen vino” (Juan 2,3)

Estas Palabras implicaban algo más que la simple comunicación de una noticia.

María esperaba un milagro del Señor, un milagro de agua y vino. Algo sin precedente

a nuestra manera de ver. ¿No hubiera sido mejor decir “vamos a casa”? sin embargo Ella no pensó así.

Al contrario, pidió ayuda para los recién casados.

Esta sería la hora, de acuerdo con sus deseos, cuando su Hijo haría su primer milagro,

no en el templo o la sinagoga, como se hubiera esperado, sino en la celebración de un casamiento.

Ah que típicamente humana era María!

Sus palabras. “Ya no tienen vino”, debe darte una tremenda confianza. Tú no estás pidiendo vino.

No, tú necesitas algo más, te encuentras en una situación no sólo desagradable sino dolorosamente difícil.

Un peso insoportable agobia tu alma. Tal vez toda tu existencia, el bienestar de tus seres queridos,

o la salvación de tu alma están de por medio.

No dudes ni por un momento que María tal como lo hizo en Caná, se encuentra

en este preciso momento al lado de nuestro Señor, murmurándole al oído para ti:

“Están en dificultades y ellos necesitan Tu Ayuda Tienen un problema que Tú solo puedes resolver."

Si Cristo a petición de María convirtió el agua en vino para ayudar a los novios en su apuro,

¿Crees que Él no va a escucharla cuando María interceda por ti,

siendo que tu problema en mucho más grande?

Oración. Madre Santísima, Reina y Victoriosa Tres Veces Admirable de Schoenstatt,

ruega e intercede por mi con el mismo fervor con que pediste por los novios de Caná.

Lleva mi gran petición ante el Señor y será escuchada.

Él me librará de mi dolor o me dará fuerzas para sobrellevarlo.

Amén

Ejercicio. Repite hoy con nuestra Madre Santísima “Ya no tienen vino”

e incluye aquí tus peticiones (...). Practica la confianza y persevera en tus oraciones.